El ate es un dulce mexicano que
data de la época colonial y surge del choque cultural del que somos hijos. Es
la necesidad de conservación de los alimentos la que en un inicio empuja a los
frailes franciscanos a producir una pasta con alto contenido de azúcar que con
el tiempo se convertiría en el famoso ate.
Los, previamente llamados,
antes, se hicieron famosos gracias a las diversas órdenes conventuales, gracias
a las recetas bien guardadas por estas cocineras y a su popularidad entre los
políticos y hombres influyentes que visitaban los conventos para degustar las
delicias que las monjas les preparaban.
Las verisones han variado
considerablemente. En la receta de ante de nuez de Sor Juana, por ejemplo,
encontramos que no se dejaba reposar la pasta, y que para darle consistencia al
dulce se intercalaba con capas de mamón, dulce que hoy llamamos jamoncillo.
La receta de ante más popular
fue la de membrillo, tanto que aún hoy es uno de los ates más populares se hace
con esta fruta. La razón es la dificultad para trabajar este producto. La fruta
no puede comerse sola, y salvo que se cueza durante más de una hora tampoco es
buena para un guisado común. Es una fruta dura, difícil de pelar aun cocida,
seca y con un gusto poco agradable.

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